De educación especial a la universidad: Cómo me adapté a las clases con muchos estudiantes

Por The Understood Team

Gran parte de mi niñez asistí a escuelas charter pequeñas. En bachillerato asistí a una escuela charter pequeña solo para mujeres que fue perfecta para mí. En las clases había entre 15 y 20 chicas.

Tuve un y servicios de debido a mi dificultad de aprendizaje con las matemáticas, la . Mis maestros trabajaron conmigo individualmente. Y para los exámenes de matemáticas tuve : el doble de tiempo, un cuarto separado para los exámenes y una hoja de ayuda.

Durante el bachillerato estaba muy unida a mis compañeros, maestros y al personal de la escuela. Nunca tuve temor de hablar y hacer preguntas. Todos me ofrecían mucho apoyo y no solo con los deberes escolares. En mi segundo año mi mamá falleció, y recuerdo que las personas de mi escuela vinieron al velorio y fueron solidarias.

El otoño pasado me sentía uno poco ansiosa de perder la seguridad de mi bachillerato para asistir a Arizona State University (ASU). ASU es una de las universidades más grandes del país. ¡Tiene más de 50.000 estudiantes!

En la universidad no existen los IEP, pero hay adaptaciones. Antes de empezar el primer año en la universidad, mi maestra de educación especial de bachillerato y yo fuimos a ASU para asegurarnos de que estuviera inscrita en la oficina de servicios para discapacitados. Por medio de esa oficina recibí adaptaciones en la universdad muy parecidas a las que tenía en el bachillerato: el doble de tiempo para hacer los exámenes, un cuarto separado para los exámenes y una hoja de ayuda.

Mi primer día de clases en la universidad me provocó muchas emociones, temores y excitación. Tardé en ajustarme al nuevo campus y hacer nuevos amigos. Uno de los cambios más grandes fue el tamaño de los salones de clases. Mi clase de álgebra tenía más de 100 estudiantes.

En el bachillerato estaba acostumbrada a conocer y a hablar con todos en mis clases. Pero en la universidad, no conocer a nadie me hizo sentirme nerviosa de pedir ayuda a mis compañeros. Me resultaba difícil explicarles que yo tenía discalculia o incluso qué era la discalculia.

Por fortuna pude adaptarme a casi a todas las clases numerosas, excepto en una asignatura: Álgebra.

Recibí ayuda en clase. ASU me proporcionó un bolígrafo inteligente y un dispositivo para tomar apuntes. También tuve acceso a tutores de la oficina de servicios para discapacitados.

Pero sentía que las clases eran dispersas y pasaban demasiado rápido. El profesor omitía información básica con la que yo siempre había tenido dificultad. Supongo que asumía que si tú estás en una clase universitaria de matemáticas debes estar al tanto y conocer todos los conceptos de las clases de matemáticas previas.

Necesité trabajar mucho con los instructores individualmente y mucha tutoría debido a mi discalculia. También necesité que me volvieran a enseñar algunos conceptos una y otra vez. Aunque lo intentaba tanto como podía, rápidamente me atrasaba y la ansiedad se apoderaba de mí.

En mi segundo semestre decidí retirarme de la clase de álgebra. Fue muy difícil tomar esa decisión porque me había esforzado mucho para llegar hasta ahí. Me sentí derrotada.

Pero no me iba a dar por vencida. Sabía que la carrera de psicología que había elegido requería aprobar varios cursos de matemáticas. Para graduarme tenía que dominar estadística, álgebra y trigonometría. Decidí inscribir álgebra y trigonometría durante el verano. Estaba nerviosa porque las clases de verano son aceleradas, pero tenía un plan.

En lugar de inscribirme en las clases de matemáticas de verano dictadas en ASU, decidí asistir a un colegio universitario de la localidad. Las clases de verano en el colegio universitario son mucho más pequeñas. Podría comunicarme frecuentemente con mi profesor y explicar mi discalculia y cómo aprendía mejor.

Las dos cursos ocuparon la mayor parte de mi verano, los cinco días de la semana y los fines de semana durante dos meses seguidos. Me aseguré de tener acceso a tutorías y apoyo en clase.

El resultado fue excelente. Obtuve una B en álgebra y una A en trigonometría. Transferí esas calificaciones a ASU. Aunque las calificaciones no iban a formar parte de mi GPA en ASU, el hecho de haber aprobado esos cursos de matemáticas obteniendo excelentes calificaciones significaba mucho para mí. Me dio seguridad en mí misma. Aunque todavía tengo que inscribirme en estadística en ASU, no estoy preocupada porque me siento más segura con estadística que con otros tipos de matemáticas.

El primer año de universidad me enseñó que hay ciertas materias, como matemáticas, en las que necesito que el tamaño de la clase sea más pequeño. Pero hay otras asignaturas en las que me siento perfectamente a gusto en un auditorio. Darme cuenta que algo tan simple como el tamaño de la clase puede tener un efecto tan grande significó conocerme mejor.

Pasar de recibir educación especial en el bachillerato a la universidad no es sencillo. Pero es posible. Si eres un estudiante, siempre necesitarás aprender más sobre lo que funciona para ti.

Si usted es un padre/madre, no limite a su hijo porque piensa que podría tener problemas en una asignatura particular. En la actualidad, existen muchas opciones diferentes para obtener un título universitario, incluyendo obtener créditos en un colegio universitario como yo lo hice. Nadie debe darse por vencido para alcanzar sus sueños y metas por causa de una dificultad de aprendizaje o de atención.

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