El cofundador de una escuela charter que tiene TDAH y dislexia crea la escuela que siempre soñó

Eric Tucker tuvo problemas en la escuela cuando era niño debido a sus dificultades de aprendizaje y de atención sin diagnosticar. Ahora, él ha usado sus experiencias para diseñar Brooklyn Laboratory Charter School (LAB), una escuela pública de educación media en Brooklyn, Nueva York, que hace énfasis en el .

Aunque con pocos años de haberse abierto, su enfoque está teniendo un gran impacto en sus 249 estudiantes, de los cuales un tercio tiene dificultades de aprendizaje y de atención. En un correo electrónico enviado este verano a las familias, Tucker dijo que habían experimentado “un promedio de 3,2 años de crecimiento en lectura y de 2,1 años en matemáticas durante el año escolar 2014-15” (el progreso fue medido usando las pruebas Northwest Evaluation Association MAP).

Tucker es director ejecutivo de la escuela y uno de sus fundadores. Junto con el cofundador Erin Mote, la diseñaron para proporcionar enseñanza personalizada a cada estudiante.

“Diseñamos nuestro modelo para personalizar a profundidad la experiencia de aprendizaje”, comenta Mote. “Estamos tomando en cuenta las dificultades particulares [de los estudiantes] para así desarrollar sus potenciales plenamente”. Eso es justo lo que Tucker dice que no recibió en la escuela.

Tucker se describe a sí mismo como un alumno complicado que tuvo problemas en la escuela. No fue hasta las primeras semanas de asistir a Brown University que sus “severas dificultades de aprendizaje y de atención” fueron identificadas. Descubrió que tenía múltiples dificultades de aprendizaje, incluyendo , , y retrasos en la adquisición del lenguaje.

Debido a que fue diagnosticado al llegar a la universidad, Tucker nunca recibió la educación especial que hubiese podido ayudado. Pero cree que haber aprendido junto con otros estudiantes lo benefició de alguna manera.

Como resultado, todos los estudiantes reciben instrucción individualizada en Brooklyn LAB. Reciben tutoría individual, instrucción en grupos pequeños y ayuda para aprender a usar la tecnología. Eso aplica, tanto para los chicos con dificultades de aprendizaje y de atención como para los que no las tienen.

“De esa manera no hay estigma”, dice Tucker. Estamos comprometidos en proporcionar a nuestros estudiantes el . Estamos diseñando una experiencia de aprendizaje en la que todos los estudiantes puedan participar plenamente”.

La meta de Brooklyn Lab, dice Tucker, es asegurarse de que todos los estudiantes aprendan y estén preparados para ir a la universidad. Además de su énfasis en cubrir las necesidades individuales de cada estudiante, la escuela sigue muchos otros pasos para intentar garantizar que eso ocurra:

  • Los estudiantes siempre son referidos en la escuela como “académicos”. La palabra comunica su valía y los posiciona como estudiantes de por vida, dice Mote. Aproximadamente 9 de cada 10 estudiantes de Brooklyn LAB califican para el programa federal de almuerzo gratuito. “La palabra ‘académico’ transmite lo que nosotros creemos que es posible en ellos, dice Mote. “Muchos de ellos no estaban acostumbrados a la idea de la posibilidad”.

  • Por haber participado en debates, Tucker quiere que los estudiantes aprendan habilidades para abogar por sí mismos. Para la escuela es prioritario proporcionar a los estudiantes las herramientas que necesitan para defenderse.

  • La escuela trabaja para ayudar a los estudiantes a desarrollar sus funciones ejecutivas y habilidades de autogestión. Eso les permite perseverar en terminar sus tareas y desarrollar las habilidades organizativas que necesitarán para tener éxito en la universidad.

  • Los estudiantes aprenden a desarrollar sus fortalezas. Se les estimula a que exploren temas que les interesan. Todos los días hay prácticas en robótica, codificación, diseño de videojuegos e incluso hablar en público.

  • La escuela utiliza muchas maneras para evaluar el progreso de los chicos. Tucker dice que los estudiantes “demuestran lo que saben” de muchas formas cuando se trata de evaluaciones y pruebas.

No fue sencillo crear y poner en funcionamiento Brooklyn LAB. Mote, Tucker y otros tocaron más de 22.000 puertas del sistema de viviendas púbicas (conocido como projects) de la ciudad de Nueva York. Trabajaron con coordinadores de educación especial y organizaciones comunitarias. Organizaron eventos gratuitos en los que cualquiera podía participar. Y finalmente, contrataron un “personal y un equipo de maestros extraordinario capaces de producir cambios académicos notorios en nuestros académicos”, afirma Mote.

Fue un gran esfuerzo, pero ahora esta escuela pionera continúa su labor por segundo año consecutivo. Y espera que el impacto que tenga en el futuro hará que todo el esfuerzo haya valido la pena.

Lea cómo saber si una escuela charter es la apropiada para su hijo.

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